El complejo oficio de profesor

Hoy me ha llegado un email de mis compañeros de universidad que me ha dejado un poco sorprendido. En el encabezamiento figuraba una pregunta que ha llamado mi atención. Ésta decía: ¿Juegas en clase?

Resultaba que mis compañeros de universidad están promoviendo la Innovación Docente y están interesados en que los profesores de todos los departamentos incorporemos dinámicas basadas en la gamificación, (disciplina por la que se intenta aprender a través del juego).

La verdad es que, a priori, me ha parecido muy interesante y estoy convencido de que participaré en aquello que me propongan. Todo sea por el aprendizaje de nuestros jóvenes, en este contexto de cambios y transformaciones rápidas.

Son tiempos de cambio que exigen replantearse el papel de la Universidad y de su contribución a la sociedad. ¿Qué debemos hacer?: Orientarnos a la sociedad y formar buenos seres humanos con sólidos conocimientos y valores?, u ¿orientarnos a un mercado laboral en plena transformación hacia no se sabe donde?? La cosa es compleja.

¿Hemos mejorado la educación universitaria con el Plan Bolonia?

La respuesta a la pregunta es un rotundo NO.

En estos últimos años no cabe duda que hemos asistido a un deterioro progresivo de la calidad de la enseñanza universitaria. Con la perspectiva que dan más de 20 años de carrera docente, puedo afirmar que el conocido como Plan Bolonia, que supuestamente debía mejorar la enseñanza en las universidades, ha sido un auténtico fracaso. Desde mi perspectiva por varios motivos:

  • Ha equiparado las licenciaturas a los grados. Se equiparan estudios de 5 años con otros que requieren 4 años. En este sentido, se dice que el alumno puede adquirir más especialización con un master oficial, pero a un precio/crédito superior. Por eso muchos alumnos no hacen un master oficial.

  • Se trocean las asignaturas anuales en cuatrimestrales. Eso supone que lo que antes un profesor te daba en un año, lo tiene que condensar en un cuatrimestre. Eso implica pasar por los temas sin profundizar en ellos. Se trata de una educación bufett: Muchos poquitos y variados….En definitiva, un conocimiento más superficial de las materias.

  • No se comprende lo que se estudia: Al dividir las asignaturas en “trocitos pequeños” el alumno pierde la visión de conjunto y no percibe bien las conexiones entre las distintas materias. Eso supone que el alumno estudia, pero no comprende, ya que generalmente lo que se estudia está todo interconectado (es un sistema). Eso lleva al alumno a percibir que el objetivo no es entender la realidad y aprender de  lo que ocurre, sino aprobar. Ya no intenta comprender lo que estudia, simplemente se resigna a cumplir unos trámites que le permitirán obtener un título. (En esto no hay diferencia con lo que vivió en el bachillerato y en el resto de su educación académica).

  • El menor contacto debilita el vinculo con el profesor: la relación alumno-profesor se vuelve mucho más superficial. La capacidad de que exista un vínculo entre el profesor y el alumno se hace mucho más difícil. Cuando empiezas a conocer a los alumnos, y ellos a ti, se termina el cuatrimestre. Aquella relación que tuvimos con nuestros maestros, y que en muchos casos tanto nos marcó, es algo del pasado. Este es un punto importante, porque al restar valor al papel del profesor en el proceso educativo éste se instrumentaliza y deshumaniza. Haciendo un símil (que espero se entienda bien), es como el vínculo que existe entre el artesano y su obra, en contraposición con el que existe entre el trabajador de la cadena de montaje y el coche que ha fabricado. Cada día nuestro trabajo se parece más al que desarrollaba Chaplin en la película “Tiempos Modernos”.

  • El alumno es un cliente: En el pasado la “autoritas” era del profesor, ahora no, el profesor es un proveedor de servicios que debe buscar la satisfacción del cliente. La superioridad del pasado, basada en el mayor conocimiento del profesor, dio  paso a un plano de igualdad (todos somos iguales) y posteriormente a un plano de inferioridad. El profesor está en inferioridad numérica y si todos somos iguales y se aplican criterios democráticos, la mayoría (los alumnos) siempre ganan…… Además, si existe un conflicto entre el profesor y el alumno las autoridades académicas se pondrán de parte del alumno en la mayoría de los casos. No en vano “el cliente siempre tiene razón”.

Lo importante no es saber, sino parecer que se sabe.

En definitiva, el producto de los cambios recientes en la universidad ha creado una situación que, a todas luces, no está funcionando. Una especie de “suflé formativo” donde los alumnos salen al mercado laboral pensando que son la generación mejor formada de la historia de España  (sobre todo porque saben más inglés) y luego se dan cuenta que están mal preparados técnicamente y poco formados en su carácter y voluntad.

También, producto de este suflé, las empresas que contratan a estos chavales se encuentran con curricula impresionantes, con estudios variados y nominalmente brillantes, pero que a la hora de la verdad fallan en lo elemental. No comprenden, no tienen capacidad de análisis y no saben lo suficiente para establecer juicios correctos. En definitiva, todos insatisfechos. Los alumnos con sus brillantes curricula (y con sueldos bajos), y las empresas que deben formar a personas que consideraban preparadas para aportar desde el primer día de su contratación.

Esta insatisfacción generalizada es, en la actualidad, caldo de cultivo idóneo para la aparición de “mentes iluminadas” que nos dicen que es preciso cambiar las metodologías formativas. Que este nuevo contexto digital exige nuevas maneras de aprende como learning by doing, gamificación y otras.

¿Es necesario un cambio metodológico en la educación?

Después de haberme apuntado a un montón de cursos sobre la materia, he de confesar que puede que sea necesaria una nueva metodología, pero puede que no.

Recientemente, estaba haciendo zaping en la televisión y tropecé con una entrevista a Inger Enkvist, catedrática sueca que analizaba el papel del profesor en la educación actual. Presentaba su libro “El Complejo Oficio de Profesor”. Naturalmente, dado mi interés por la materia inmediatamente compré por amazon un ejemplar.

Esta catedrática de Suecia, país que aprovecha su talento humano como pocos en el mundo, decía que el mundo ha sido conquistado por los pedagogos y eso no es bueno. Según esta profesora, estos profesionales de la educación quieren conseguir la cuadratura del círculo: aprender sin esfuerzo. Para ella es posible lograr eso, pero se pierde mucho tiempo.

Por ejemplo, podemos crear en una clase una dinámica que nos ayude a crear un objeto para transportar las cosas con mayor rapidez de un sitio a otro…. pero la rueda ya se inventó hace tiempo. La idea de hacer del conocimiento una tarea de descubrimiento está bien, pero es lenta. La humanidad ha avanzado mucho y los alumnos antes de inventar la rueda deben aprender el conocimiento precedente. Sólo así estarán en disposición de avanzar. Sólo aprendiendo y comprendiendo el conocimiento anterior se puede generar conocimiento nuevo. Y ese debe ser el objetivo si se quiere progresar. Por otro lado, si lo que se quiere es “marear la perdiz”, y dar satisfacción al “alumno cliente”, se pueden crear sistemas de aprendizaje más lúdicos, pero menos prácticos y mucho más lentos.

Otro aspecto que esta profesora comenta, es que la invasión de pedagogos tiene también un componente ideológico. La aplicación de conceptos como “todos somos iguales en el aula” o “hay que regirse por la opinión de la mayoría” o “todo es relativo, no existe la verdad” son conceptos buenistas que no funcionan y que pueden esconder la idea de una educación que entretiene, pero no forma. Una educación que genera personas huecas. Personas que opinan de todo y no saben de nada.

Esto que pudiera parecer exagerado lo vemos hoy en día en todos los medios de comunicación. Es más, existe un “elogio de la ignorancia”. En vez de generar cierta vergüenza el no saber lo básico, se presume de ello. El mundo al revés.

En definitiva, y sin querer estropear la lectura de aquel que esté interesado en este estupendo libro, diré que en él se propone volver a los principios básicos de la educación reglada, que ha hecho avanzar a la humanidad hasta aquí: un buen profesor y un alumno interesado en aprender. Una propuesta honesta, valiente e interesante.