La ciencia en España, igual que en tiempos de Ramón y Cajal

La pandemia del coronavirus que actualmente padecemos está cambiando nuestras prioridades y las está poniendo en su sitio (no sé si en el que le corresponde, pero desde luego en uno distinto). Está contribuyendo a destacar el valor de la salud, de la ciencia, de la medicina, de la investigación, del conocimiento y del criterio experto de los que saben de las cosas. En definitiva, ha puesto de relieve, una vez más, la importancia del saber científico y de la Ciencia.

Estamos comprobando en nuestras propias carnes que el ser humano es muy frágil. Qué, aunque pensemos que los avances del progreso nos han convertido en semidioses, eso no es más que una irreal ilusión. Esta pandemia nos ha bajado del pedestal de nuestras ensoñaciones de superioridad y nos ha puesto frente a nuestra objetiva realidad: somos seres muy frágiles.

La historia se repite.

Está visto que nuestra carne es débil, pero nuestro espíritu es fuerte, ya que una de nuestras grandes virtudes es ese mecanismo de defensa mental que tenemos los seres humanos de olvidar con rapidez todo lo malo. Supongo que ese mecanismo nos ayuda a vivir y a recuperar con rapidez nuestro equilibrio en el cosmos, pero ese optimismo antropológico puede que no esté tan bien fundamentado como pensamos, a la vista de la cantidad de veces que los virus de la naturaleza nos ponen en nuestro sitio (ver: Epidemias y pandemias a lo largo de la historia I y II)

Han sido muchas las pandemias que la humanidad ha padecido y sólo cuando somos conscientes de nuestra fragilidad y aplicamos humildemente nuestro intelecto empezamos a superar las dificultades. En esta ocasión no iba a ser distinto.

El método científico y el trabajo de los investigadores … la única solución.

Es en estos momentos de dificultad es cuando nos acordamos de la ciencia y de los científicos. Cuando realmente nos parecen valiosas las vidas dedicadas al estudio y al trabajo de esos seres anónimos que habitan las universidades y los centros de investigación.

Es ahora cuando recordamos que no podemos estar continuamente recortando el “gasto de investigación” (lo pongo entre comillas porque no es un gasto sino una inversión). Que nuestra capacidad competitiva y muchos aspectos de nuestra seguridad personal y como sociedad dependen de esta inversión. Que nuestra mayor, o menor, relevancia en el mundo dependen de esa correcta gestión del conocimiento.

No es verdad que en España se investiga poco. Son muchos y muy buenos los investigadores españoles. Lo que si es cierto es que la ausencia de una visión a largo plazo y de un proyecto de país hacen de muy difícil la vida de los investigadores en España (quiero recordar que Santiago Ramón y Cajal decía que el patriotismo – mejorar la vida de tus seres más cercanos- es uno de los grandes motores del investigador). Siempre hay otras prioridades más urgentes….

Para finalizar este post, sólo quiero acordarme de la heroica tarea de los investigadores españoles, que ayer y hoy, dedican su vida y sus esfuerzo al avance de sus disciplinas y a la mejora de nuestra sociedad. Y todo ello en un contexto de mucha incomprensión y precariedad de medios como ya es tradición en la Ciencia Española.

En este sentido, os animo a rememorar la vida de nuestro insigne premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal viendo aquella serie que realizó Televisión Española hace unos cuantos años. Veréis que las cosas no han cambiado mucho …. Os dejo aquí el enlace: Ramón y Cajal: la historia de una voluntad.

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